sábado, 14 de noviembre de 2009

Arte griego


Koré del peplo

Entre las manifestaciones plásticas del arte griego brilla con luz propia la escultura. La cultura griega, claramente antropocéntrica e idealista, encuentra en el modelado de la figura humana su principal vía de comunicación. La escultura griega camina de la mano de la evolución del pensamiento y de las distintas etapas de su historia. Los artistas plasmaron en su obra los valores, deseos e inquietudes de la sociedad de la época que les tocó vivir. La estatuaria griega introduce novedades importantes e influye de forma extraordinaria en la escultura posterior: Roma, el Renacimiento y el Neoclasicismo, entre otros estilos, son buenas muestras de dicha influencia. Es significativo que a la arquitectura se le de valor escultórico, lo que lleva a comprender la influencia de la misma en su sensibilidad. La búsqueda de la belleza, de la armonía, de la proporción del cuerpo humano, del equilibrio y de la unión del cuerpo y del espíritu: la denominada sofrosyne plasmada en la idealización expresiva. La belleza racional, fundada en las matemáticas, en la medida y proyectada en el hombre; en un hombre que "es la medida de todas las cosas". Se deja atrás la visión teocéntrica, áulica o zoomorfa de épocas anteriores. La periodización de la escultura sigue la de la arquitectura y la historia de la polis griega : Arcaica, clásica y helenismo.
Kourós de Melos

Dama de Auxerre

La escultura arcaica

La escultura arcaica presenta dos tipos de figuras: las masculinas o Kourós, que representan atletas desnudos y las Korai o figuras femeninas vestidas que representan sacerdotisas. Tiene una fuerte influencia egipcia: frontalidad, rigidez, brazos pegados al cuerpo, puños cerrados, sonrisa arcaica, una de las piernas avanzadas. El sentido del bloque del que parece que no va a poder desprenderse, la esquematización y la frontalidad. El predominio de elementos geométricos en las soluciones anatómicas, imponiendo músculos potentes y ojos globulares y almendrados. Cleobis y Bitón o el kurós de Naixos muestran este esquema. El Kurós de Melos muestra ya una pequeña evolución, menor tosquedad en la factura de brazos y piernas; la cara muestra rasgos de belleza oriental (ojos almendrados, rasgos finos, sonrisa y pelo rizado muy geométrico). La figura carece de movimiento y aún es hierática como las de Cleobis y Bitón. Sin embargo, se advierte interés por el modelado en el torso y por dar un aire más ligero a la figura.
La Dama de Auxerre es la primera escultura en piedra que se conserva completa. En ella podemos apreciar todas las características formales de las korai, especialmente su sentido de bloque cerrado y su rígida frontalidad. Sin embargo, vemos diferencias en la talla: más tosca en la parte inferior, mientras que en la superior hay mayor detallismo en el peplo, el paño de lana decorada con cenefas incisas y la ancha correa a la cintura. El pelo está trabajado con detenimiento, dando a la obra mayor naturalismo, acentuado por el trabajo en los senos. El rostro continúa sin fijar la expresión, y su forma triangular tiende a la idealización. La sonrisa arcaica, la desproporción en manos y pies, los ojos almendrados carentes de expresividad son detalles que caracterizan a esta figura. El faldellín que la cubre de la cintura a los pies muestra una sencilla decoración geométrica de líneas rectas horizontales y verticales que contrastan con las líneas curvas de la parte superior (pelo, senos, brazos). La Koré del peplo muestra un avance en la expresión y calidad de las facciones , la forma más suave de la boca y ojos es ya un anuncio del clasicismo. Las trenzas minuciosamente trabajadas y la delicadeza del rostro contrastan con el desinterés por la anatomía que se cubre totalmente con el peplo, éste sí trabajado con detalle.



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